Como profesor de pintura sé que aprender a pintar no es una tarea que digamos nada fácil, pero enseñar a pintar no lo es menor.

Es curioso observar en un estudio dedicado a la docencia de la pintura cómo, aun siendo el mismo profesor, unos alumnos progresan en su aprendizaje y otros en cambio se estancan o incluso llegan a abandonar su hasta entonces  vieja y añorada vocación pictórica. No lo es menos el caso de esos alumnos que pasan de profesor en profesor, de academia en academia sin quedar satisfechos con el aprendizaje que reciben.

Es un fenómeno que me gustaría comentar con vosotros porque, a veces, nuestro éxito o fracaso como profesor o como alumno depende de pequeños detalles tan importantes como ignorados en la mayoría de los casos.

Siempre diré aquello de que “NO HAY BUEN PROFESOR SIN UN BUEN ALUMNO” ni “UN MAL ALUMNO CON UN BUEN PROFESOR”.

Podrá verse como una contradicción, pero te aseguro que no lo es. El mismo profesor suele tener experiencias totalmente contrarias impartiendo de igual forma sus enseñanzas a distintos alumnos, y hay alumnos que también las tienen extraordinariamente distintas con distintos profesores.

Más que un tema, es un dilema lo que propongo porque, como aquél que decía, nunca existe una razón única ni en estos casos hay un sólo responsable.

Voy a empezar con un ejemplo que nada tiene que ver con la pintura.

Quien conoce algo el mundo futbolístico sabe que cuando un equipo no va bien en la competición suele cambiar de entrenador. Ese mismo equipo con otro nuevo entrenador puede que le vaya de maravilla o puede que siga cosechando malos resultados, es decir, el cambio de entrenador no asegura nunca un cambio a mejores resultados.

Siguiendo con el símil, ahora piensa en ese jugador que con un determinado entrenador no triunfa en un equipo y en cambio en otro y con nuevo entrenador se hace líder e imprescindible en todos los partidos.

En el mundo de la enseñanza de la pintura ocurre más o menos lo mismo. Muchas veces cambiar de profesor no asegura mejores resultados y en cambio en otras se hace irremediablemente necesario y del todo recomendable.

Con este artículo quisiera aclarar vuestras dudas si es que os encontráis en la tesitura de cambiar o no de profesor de pintura. Una cuestión que bien conozco, como cualquier otro profesor, por la cantidad de alumnos que me vienen “rebotados” de otros centros de enseñanza, cada uno con sus respectivas historias o experiencias de todo tipo.

profesor de pintura

Pero empecemos como siempre por el inicio.

¿Porqué solemos querer cambiar de profesor de pintura?

Fundamentalmente suele ser por cinco motivos.

1.- Pensamos que no estamos aprendiendo nada.

2.- Creemos que vamos demasiado lentos en el aprendizaje.

3.- No nos enseñan lo que andamos buscando.

4.- Queremos probar otra cosa.

5.- Queremos aprender a pintar como éste o aquel otro maestro.

Cinco motivos que no necesariamente siguen este mismo orden ni tienen nada que ver con la frecuencia con que se dan.

Estudiemos pues individualmente cada uno de ellos; posibles causas, si tiene o no sentido plantearse el tema del cambio de profesor y algunas recomendaciones al respecto.

1.- Pensamos que no estamos aprendiendo nada.

Personalmente en este caso yo te preguntaría primero si ¿crees o no que eres “buen alumno”?.

Hombre… sé que esta pregunta es, te estarás diciendo, del todo innecesaria porque no hay alumno que crea que no es buen alumno como no hay profesor que piense que no sabe enseñar. Pero espera,… de verdad… ¿Eres buen alumno?… ¡Piénsalo!

Aquí solo caben dos posibilidades. O el profesor realmente no enseña nada porque no sabe o no tiene nada que enseñar, o es porque no tiene “un buen alumno”. No le des más vueltas.

En principio me niego a pensar que un docente que se dedique profesionalmente a la enseñanza de la pintura no sepa o no tenga nada que enseñar. Para mí es inimaginable.

Me quedo pues con que lo normal es que en este caso nos encontremos con lo que yo llamo “un mal alumno” que o bien no sigue las enseñanzas del maestro, o que sus vicios anteriores le impiden asimilar las nuevas que recibe, o ambas cosas a la vez, que para el caso es lo mismo.

El no seguir voluntariamente las enseñanzas del profesor creo que no existe por simple deducción lógica (no es normal que alguien invierta su tiempo y dinero para hacer lo que por sí solo ya hace), luego tenemos que pensar en la otra posibilidad, es decir, que nuestros vicios anteriores nos impiden  asimilar o adoptar las nuevas enseñanzas que recibimos convirtiéndonos en “malos alumnos”.

La razón puede ser esta.

Imagina que llevas toda tu vida montando en bicicleta dándole a un solo pedal y nunca te has caído. Un día, sabiendo que no lo haces bien, decides ponerte en manos de alguien para que te enseñe a montar y lo primero que te dice es… “tienes que darle a los dos pedales”. Convencido de que así es como lo tienes que hacer, lo intentas pero ves que te caes. A la tercera o cuarta vez que te caigas seguro que desistirás de esa nueva forma de montar y volverás a hacerlo, aunque no esté bien, como toda tu vida lo habías hecho sin caerte por mera cuestión de SEGURIDAD.

Yo estoy convencido de que pintar también es una cuestión de seguridad.

  • Si yo quiero pintar una ola y me sale más o menos bien utilizando los dedos ¿para qué voy a utilizar unos pinceles si con ellos no me sale lo que quiero?.
  • Si yo, para oscurecer los colores utilizo el negro marfil de toda la vida, aunque esté mal hecho, ¿para qué me tengo que aprender ahora una teoría del color para oscurecerlos con otros colores si lo intento y no me sale?
  • Ahora me dicen que tengo que tomar referencias, hacer un encaje previo y dibujar solo con rectas cuando llevo toda mi vida haciendo directamente el dibujo con carboncillo en el lienzo y siempre he pintado lo que he querido.

El alumno que con toda su buena voluntad acude a un maestro a aprender a pintar con el firme propósito de seguir a pies juntillas lo que le enseñen, y ve que con las nuevas “formas” no consigue un progreso extraordinario en su pintura de forma inmediata, tiende irremediablemente a volver a su antigua forma de pintar.

Si tu caso es este, deberías pensar antes de cambiar de profesor que tendrás que cambiar probablemente también tu forma de pintar y que las nuevas enseñanzas, la mejora de tu pintura, no va a llegarte por obra y gracias de Dios, te la tendrás que trabajar, como aquel que dice, desde cero y tener muy presente que al principio creerás que en vez de avanzar estás retrocediendo.

2.- Creemos que vamos demasiado lentos en el aprendizaje.

Este supuesto me recuerda a aquellos alumnos que vienen de otras academias de pintura diciéndote que es que llevan tanto tiempo con este o aquel profesor y ven que su pintura no mejora, que sigue pintando casi como cuando llegó el primer día.

Yo en estos casos supongo varias posibilidades o distintas causas que pueden estar provocando esta situación.

  • El profesor llegó a su límite de enseñanza.
  • El profesor considera que el alumno no es capaz de seguir otro ritmo de trabajo.
  • El alumno hace caso omiso a las enseñanzas que recibe.

Es frustrante para todo profesor ver como un alumno, le digas lo que digas, hace lo que le viene en gana. Y créelo que hay más alumnos de este tipo de lo que puedas imaginar.

También lo es para esos alumnos que mes tras mes ven que el profesor les tiene pintando siempre lo mismo y en vez de seguir un plan de trabajo a corto, medio o largo plazo para la mejora de su pintura les tiene, más o menos, que alquilado un caballete para que en vez de pintar en su casa lo haga en un estudio con las comodidades que ello conlleva.

Ante esta situción, y antes de decidir si cambiar o no de profesor comprueba lo siguiente.

¿Eres sólo tú en la academia el que no progresa, o ves que los demás están también como tu?.

En el primer caso yo te aconsejaría sopeses antes la decisión de cambiar de profesor por la de cambiar tu actitud. Preguntarle al profesor el porqué de tu lento aprendizaje se me antoja incluso del todo necesario para salir de tus dudas.

En el segundo de los casos, es decir, si ves que el resto de compañeros de academia están en tu misma situación, piensa que eso no es normal y algo no funciona como debería. Plantéate entonces buscar otras opciones.

Pero espera… antes de hacer nada comprueba una cosa. Coge el primer cuadro que pintaste con ese profesor y el último. Ponlos juntos y observa si hay o no evolución en tu pintura. Es posible que tus ganas por aprender más deprisa no te deje ver lo que ya has aprendido. A veces no se llega a entender que el proceso de aprender a pintar unas veces conlleva más tiempo del que nos gustaría.

3.- No nos enseñan lo que andamos buscando.

Hace no muchos años, recordarás si eres más o menos de mi quinta, que existían aquellos médicos de familia que atendían un parto, un dolor de muelas o una gastroenteritis. Hoy en día siguen existiendo, pero cada vez menos. La medicina se especializó y practicamente ya no nos imaginamos acudir a un médico si no es especialista en esta o aquella materia. En mi profesión de abogacía ocurre ahora otro tanto de lo mismo. Es decir, la especialización se impone en casi todas las actividades profesionales ante una demanda que busca cada vez más algo específico y no genérico.

Para mi que esto aún no llegó a los centros donde se imparten enseñanzas de pintura como creo que la demanda viene exigiendo, pero me consta que poco a poco la tendencia es esta.

Creo que es común al mundo de la enseñanza de la pintura que cada profesor se siente más cómodo enseñando este o aquel tipo de pintura, estos o aquellos otros motivos pictóricos. Dicho de otra forma, estoy convencido que cada profesor, sin pretender serlo, está especializado en una técnica determinada que de seguro podrá enseñar con más garantías de éxito para el alumno que en otras.

Si nuestro caso, tu caso, es que no recibes esa enseñanza especializada que buscas yo te recomendaría que sopeses la idea de buscar ese otro profesor que esté “especializado” en eso precísamente.

4.- Queremos probar otra cosa.

¡Ojo! con este tema.

Si bien es cierto que no tendríamos “alma de artista” si no estamos contínuamente queriendo probar esto y después aquello y después lo de más allá, también lo es que esto no es siempre recomendable para nuestro proceso de aprendizaje. Ya sabes… “el que mucho abarca poco aprieta”.

Cambiar de profesor para probar “otra cosa” puede ser un arma de doble filo. Nos puede salir bien o nos puede salir fatal. Es una opción tan personal como arriesgada.

Por la única razón que yo aconsejaría tomar una medida así sería por la de ampliar nuestros conocimientos o técnicas pictóricas.

Cada maestrillo tiene su librillo, dice el refrán haciendo una vez más gala de su sabiduría.

Sin duda, cada profesor nos puede aportar algo nuevo y aunque solo fuese por esa razón, probar otros profesores, otras enseñanzas, siempre será enriquecedor para nuestra formación como pintores, pero el riesgo es grande si en vez de sumar nuevos conocimientos nos anulan los anteriores o nos los cambian por otros que no necesitábamos o no pretendíamos.

Creo que antes de tomar la decisión de cambiar de profesor por este solo motivo, deberías intentar hablar con el actual y mostrarle tu inquietud. Quién mejor que él podrá aconsejarte si en tu estado actual de aprendizaje ve conveniente un cambio hacia otra técnica o tendencia pictórica.

5.- Queremos aprender a pintar como éste o aquel otro maestro.

Bien… me parece una inquietud más que normal. A mi tambien me gustaría pintar como Joseph Zbukvic (por poner un ejemplo).

Comprendo perfectamente que cualquiera de nosotros, si tenemos o tuviésemos la posibilidad de aprender a pintar con uno de estos grandes maestros lo haríamos con los ojos cerrados. Vamos… que ni pensarlo.

Otra cosa bien distinta es llegar a aprender a pintar como ellos lo hacen.

Siempre lo diré, y en más de una ocasión me habrás leído, que en esto de aprender a pintar pasa en primer lugar por aprender a ser “humildes con nosotros mismos”. Tratar de llegar, o pretender llegar a pintar como éste o aquel maestro que tanto admiramos sería como dar por cierto que todos somos iguales ante la ley. ¡Es una auténtica utopía!

Podemos llegar a aprender su técnica (que lo dudo), pero ¿pintar como ellos?. ¡Piénsalo!

¿Cuando nos debemos plantear en serio cambiar de profesor?

Visto lo anterior ahora si quisiera ayudarte con tu dilema, o al menos, confesarte cuándo yo me plantearía cambiar de profesor de pintura.

  • La primera razón por la que yo me plantería cambiar de profesor de pintura sería comprobar que donde estoy no me enseñan a manejar el color.

Hace algún tiempo ni se me hubiese ocurrido pensar que existían sitios donde te enseñan a dominar el color (lo digo por experiencia propia), pero hoy en día lo que sigue sin tener explicación alguna es que esta materia no sea objeto de estudio y enseñanza en cualquier academia de arte.

Aprender a pintar sin apreder a utilizar el color es, se me antoja, como aprender a tocar la trompeta sin el instrumento.

  • Otra razón por la que yo cambiaría de profesor es porque en vez de adaptarse el profesor a mi nivel o preferencias pictóricas soy yo el que tiene que asimilar y aprender a pintar como el lo hace me guste o no.

La pintura es una afición muy bonita cuando disfrutamos con ella, es decir, cuando pintamos lo que nos gusta. Cuando no es así puede resultar incluso una experiencia poco recomendable.

  • Por último, sí que me plantería cambiar de profesor si viera que en vez de explicarme las cosas se limitase a corregirme los trabajos o incluso terminarme mis ejercicios.

Quisiera terminar este artículo alzando mi voz en defensa de la difícil labor de nosotros los profesores de pintura haciendo referencia a ciertas conductas de algunos alumnos que sinceramente entorpecen o incluso impiden que desarrollemos con normalidad nuestro trabajo.

  • Existen alumnos que acuden a una academia de pintura “no para aprender a pintar ellos” sino para llevarse cuadritos muy bonitos a su casa pintados por el maestro. “ESTO ES TAL Y COMO LO CUENTO” aunque te parezca mentira.
  • Hay alumnos que no aceptan pintar este o aquel motivo que les propone el maestro. Ellos sólo quieren pintar este o aquél motivo porque les gusta, les va bien para un rincón de su casa o porque se lo ha pedido un familiar o amigo. Por supuesto que no les importa ni tienen en cuenta si tienen nivel para saber hacerlo o no. ¡No!… ellos quieren pintar eso y si no les sale piensan que ya les ayudará el maestro.
  • Tambien están aquellos que cada día quieren aprender una técnica distinta sin dar tiempo a aprender ninguna de las que ya empezó. Ahora quiero aprender a pintar retratos… Ahora quiero pintar acuarela… Ahora….
  • Los más usuales son los que yo llamo “fuguillas” (palabra muy motrileña que más o menos define a la persona inquieta que continuamente cambia de plan o actividad y siempre quiere tener las cosas en el momento con el mínimo esfuerzo). Bueno… estos no suelen dar mucho problema porque normalmente permanecen muy poco tiempo seguido en el estudio. Vienen dos meses… a los seis meses vuelven otra vez y están tres… luego desaparecen por dos años… etc.
    Y digo que no son un problema porque ellos asumen ese ritmo sin exigir ningún resultado, pero desde el punto de vista del profesor es toda una frustración el no poder llevar un plan docente determinado y continuado lo suficientemente coherente como para desarrollar nuestra labor con ciertas garantías de éxito.
  • Por último están, para mí, los peores; los que en vez de dejarse llevar por el maestro, van a su aire y encima cuestionan, en público o en privado, sus enseñanzas.

Como ves, querer cambiar de profesor de pintura es del todo normal, pero en ocasiones, tambien para el maestro, es normal querer perder de vista a un alumno.

Como decía aquel… de todo hay en la viña del Señor.

Bueno… ya sabes, si te gustó comparte o deja tu comentario. Un Blog se mantiene con estos pequeños detalles. Un cordial saludo.

Hangel Montero