No hace mucho, por esas cosas del azar y del capricho de los Dioses, me encontré la obra de un pintor en las redes que a primera vista me cautivó.

Es de esas ocasiones en las que la intuición nos dicta esos mensajes que lejos de la mera aceptación o rechazo, nos conmueven y nos hacen sentir sustanciales alteraciones sensitivas y cognitivas.

 

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Quizás, y debido a mi profesión, pensé que en aquella obra se escondía algo más que un mero paisaje pintado con una gama melódica, porque conforme más la admiraba más me centraba en esa técnica que sólo una mano maestra podía conseguir. Algo pues despertó mis instintos y me puse a indagar autor y conjunto de su obra para constatar que era cierta esa mi primera impresión. Y cuanta razón tenía.

Su autor, para mi mayor asombro, era precisamente un compañero de profesión, abogado y pintor, José Luis López Pérez. Un bilbaíno que firmaba bajo el seudónimo de KUBI. Pero a su vez también era profesor de pintura (no me lo podía creer).

Cuando me adentré en el resto de su obra publicada todo quedó meridianamente confirmado. Este autor y esta obra bien merecía comentarla en mi blog, y ahora, con algo de tiempo y recordando mi otra época donde mis comentarios de arte eran seguidos (o perseguidos, según se mire) por galeristas y pintores granadinos, voy a disfrutar escribiendo sobre lo que me gusta LA BUENA PINTURA.

LA PINTURA DE JOSÉ LUIS LÓPEZ (KUBI)

Tristeza bella. Cálida serenidad.

Tus paisajes, José Luis, se respiran; se oyen; huelen a mar. A ese Mar Cantábrico que con tus pigmentos se hace aún más hermoso sin perder su bravura y el carácter que de una u otra forma, impregna tu innegable y admirada sensibilidad artística.

Contemplar tus obras me trasforma, me hace sentirme cercano, próximo y familiar con tu entorno, tu ría, tus puentes, tu ciudad, tus playas. Todo me resulta como recuerdos perdidos en la memoria que un día conformaron alegres vivencias que quedaron ahí, dormidos pero imborrables.

Mar de mi tierra cálida, naturaleza que admiro pero interpreto, armonía de color.

Los sentimientos solo quedan reservados para nuestro interior porque no nos permites mostrarlos sin incurrir en desasosiego impotente ante tanta belleza que trasmites con cada una de tus pinceladas; pinceladas precisas para cada momento, para cada rincón de tus obras.

El agua se trasforma en color, el color en formas y tus acuarelas en puro placer para los sentidos.
Enhorabuena Kubi.

Esta es mi crítica digamos convencional, de esas que tanto gustan al pintor o galerista y que se suelen poner en los catálogos cuando exponemos, pero que realmente nadie suele entender, o mejor dicho, nadie le encuentra relación alguna cuando contempla la obra y lee lo que en el catálogo se dice sobre ella. Por eso, y como estoy en mi propio blog y a nadie tengo que responder ni darle cuentas, voy a realizar ahora la crítica en pintura que me gusta a mí, una crítica dirigida al espectador más que al pintor porque al fin y al cabo de lo que se trata es de INFORMAR a quienes vean nuestras obras.

LA PINTURA DE JOSÉ LUIS LÓPEZ (KUBI)

Nos encontramos ante la Obra de uno de los “grandes” acuarelistas que podemos encontrar en el panorama nacional.

De origen bilbaíno, Kubi nos enseña su tierra y sus orígenes a través de sus acuarelas. Unas acuarelas bellas y mágicas para cualquiera que las contemple pues te atrapan y te trasladan mentalmente a un lugar concreto, a un ambiente que se reconoce y te resulta familiar. Una pintura en ese sentido, sincera, directa y sin nada que esconder.

Su técnica, es sencillamente magistral. Pocas pinceladas dejando jugar el pigmento con el agua y resolviendo formas, sombras y luces sin sobresaltos, sin atropellos, serena pero decididamente buscando los últimos detalles para concluir sus obras con absoluto dominio del dibujo y los materiales.

Pero si algo imprime un sello peculiar a su obra, es decir, lo que la hace única e irrepetible es su forma de entender la luz y el color. Una luz cálida, a veces triste, otras vibrante y esplendorosa que sin manejar muchos recursos cromáticos nos da todo lo que necesita nuestra imaginación para no solo contemplar, sino para sentir cualquiera de sus paisajes. Ninguna distorsión del color, nada que pueda hacernos sentir desafines impropios o sensaciones irreconocibles. Todo se convierte en armonía cromática, todo es natural y por eso es un auténtico placer para los sentidos.

El pintor copia. El artista crea. Por eso entiendo que esta obra solo puede ser de un “Artista” con mayúsculas.
Enhorabuena Kubi.

Hangel Montero

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