En esta ocasión os quiero dejar un estracto de mi libro La Obtención del Color.

En concreto os transcribo el apartado que habla de cómo deducir el color cuando pintamos, un tema que será objeto de mi próxima publicación porque estimo que es fundamental no solo conocer los secretos de las mezclas del color, sino entender sus fundamentos para no limitarse a copiar lo que simplemente vemos, sino deducir cómo lo debemos hacer cuando pintamos.

Deducir el color, como depués leerás, es pensar cuando estamos pintando que ese color que queremos poner “TIENE QUE SER”, en vez de decir  “ES” porque así lo veo. Una forma de entender las mezclas de color conforme nos enseña la física del color para que nuestras obras sean creibles para cualquiera que las contemple.

“CAPÍTULO IV

4.3. DEDUCIENDO EL COLOR CUANDO PINTAMOS

Habrás leído en muchas ocasiones a lo largo de todo el manual que “El color en pintura no se ve, se deduce”.
Es una frase que por más que repito a mis alumnos no terminan de asimilar, comprender o aplicar. Debe ser porque aún no he dado con la tecla para inculcarles el “cómo” se deduce el color, o que aún no son capaces de prescindir de sus cerebros cuando se ponen a pintar.

De nuevo os tengo que hablar de aquello que dije, de que el cerebro es nuestro peor enemigo; porque creo que lo más difícil de conseguir en la pintura es abstraerse de su influencia en nuestro modo de proceder y que inconscientemente no percibimos.
¡Ese color tiene que ser quebrado y claro! Le digo a un alumno… ¡es que yo lo veo así! me responde. ¡¿Y qué?! Le replico. Estás pintando unos árboles lejanos y el verde que refleja, cuando tú lo percibes, se ha quebrado mucho con la cantidad de rojo que tiene la luz que hay entre ellos y tú… ¡Sí, pero en la foto yo los veo con más luz! ¿Entonces qué es lo que tratas de hacer?, ¿copiar una foto, o pintar un paisaje real? Pues nada, ¡NO HAY FORMA!

La teoría del color que hemos estudiado debe servirnos para comprender y luego aplicar en nuestra pintura el comportamiento de la luz y los colores en la naturaleza de manera física y no para acabar volviendo a hacer lo que el cerebro nos da por válido.

En muchas ocasiones prefiero pintar al aire libre con los alumnos porque de esa forma, al menos, ven los colores más reales y no con las fotografías que son eso, instantáneas frías, planas y sin vida por muy buenas que sean las cámaras con las que hayan sido tomadas.

Habréis oído decir muchas veces que con música de fondo se pinta mejor porque nos inspira. Particularmente coincido solo en parte con esa afirmación. Trabajamos mejor porque nuestra mente está distraída en otras cosas dejándonos un margen para que nosotros apliquemos la técnica.
Ya os digo que no es fácil este asunto porque siempre vamos a tener una lucha continua entre lo que vemos (interpretación cerebral) y lo que la teoría y la técnica nos dicen cómo lo debemos interpretar.
Si de porcentaje hablamos, solo un cinco por ciento de alumnos han conseguido vencer esto, trabajando solo con la técnica y la teoría del color. Curiosamente es el mismo tanto por ciento que han evolucionado de forma vertiginosa para mejorar en su quehacer pictórico.
Desde estas líneas solo puedo alentarte para que no ceses, para que te esfuerces todo lo que puedas cada vez que te pongas a pintar y para que lo consigas lo antes posible.

Lo mismo te puede ayudar algunos de estos consejos:

– Antes de decidir coger un color que ves en el motivo pregúntate qué colores pueden estar afectándolo viendo el resto de colores que componen el cuadro. La luz del sol, los colores adyacentes, la distancia o la lejanía, etc.

– Cuando vayas a obtener un color, no te quedes con haberlo visto, reconócelo antes, y di “tiene que ser un…“. Acuérdate siempre de ponerle el nombre y los tres apellidos.

– Bórrate de tu mente “YO LO VEO…” y sustitúyelo por “TIENE QUE SER UN…”. Yo lo veo como un verde… ¡NO!, di, tiene que ser un verde.

– Estudia el tema antes de iniciarlo. Busca el color ambiente si es cálido o frío y utilízalo en todas tus mezclas en mayor o menor medida. Si no lo ves en esa mezcla, tiene que estar ahí.

– Cuando pintes zonas que te parecen monocromáticas (una arboleda por ejemplo) no pintes con los verdes que solo ves más claros, más oscuros, más cálidos o más fríos. Deduce que también tienen que estar el resto de colores de la luz; violetas, carmín, azules, rojos… Utilízalos también en distintas mezclas.

– Cuando pintes algo con un color, no te centres en una sola zona del cuadro. AUNQUE NO LO VEAS UTILÍZALO TAMBIEN EN EL RESTO DEL MOTIVO. ¡TIENE QUE ESTAR! Si no es por tono, será por claro u oscuro, o por cálido o frío. Búscale un lugar.

– Si estás tratando de sacar un color, cuando ya creas que lo tienes parecido, vete al cuadro, da una pincelada y asegúrate de que es ese y no otro el color que tienes que dar. Si es ese, continúa, si no lo es no sigas, el cerebro lo ha dado por válido y te pide continuar. Vuelve a ajustar los tres apellidos y solo cuando lo tengas exacto continúa pintando.

– Inicia siempre tus trabajos con una primera mezcla que incluya el color ambiente. De esa, deriva y obtén el resto de colores. Ya sabes, es cuestión solo de ajustar los apellidos, pero no inicies en la paleta otra mezcla para cada color.

– Si estás trabajando con colores cálidos y quieres cambiar a fríos, cambia de pincel o límpialo a conciencia. Deduce que vas a cambiar a los complementarios que tenías y por tanto se apagaran en exceso o se ensuciaran las mezclas que hagas.

– Nunca el color tierra sombra tostada (comercial) debe tocar el blanco, pues nos dará un COLOR SUCIO SEGURO.

– Los colores tierra comerciales destiérralos de tu paleta, al menos, hasta que domines por completo el color. Todos los puedes obtener con el método a partir del naranja, bermellón o rojo oscuro y los podrás aclarar con blanco lo que quieras sin que se ensucie el color. Deduce que son colores quebrados y todos por lo tanto llevan blanco.
Los comerciales no lo llevan, son pigmentos minerales y no admiten como los nuestros al blanco, so pena de obtener desafines en el color si no tenemos mucha delicadeza con ellos.

– Procura resolver y ajustar dos apellidos del color con uno solo a la vez. Esto mantendrá tu mente más concentrada en la técnica. Le estarás pidiendo a tu cerebro que resuelva un problema, y que no te dicte con qué color tienes que pintar.

– Cada cierto tiempo (un cuarto o media hora) mientras estés pintando, suelta los pinceles, observa lo que estás haciendo y pregúntate; ¿Estoy aplicando la técnica?

– Cuando hayas pintado algo, y no te gusten los colores, pregúntate si has aplicado la técnica.

– No te conformes diciéndote al final de cada sesión si te gusta o no te gusta lo que has hecho. Comprueba que has aplicado tus nuevos conocimientos sobre el color.

Así podría continuar dándote recomendaciones hasta la eternidad. Son solo algunos conceptos que he tenido que ir repitiendo una y mil veces a mi alumnado.
No obstante ello, como antes señalé, sé que tendré que seguir recordándoselo muchas más veces porque un día lo hacen y al siguiente ya se olvidan de hacerlo. ¿Pero tan difícil es?, te estarás preguntando; compruébalo por ti mismo. Si consigues vencer a tu mente conseguirás, con esta teoría y con los métodos que has aprendido, dominar el color y mejorar tu pintura. Te lo garantizo.”

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